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Quelina

La voz escondida de la tortuga Timita

timidez

na mañana, mientras Quelina caminaba por el borde del lago del Valle Esmeralda, vio algo que le llamó la atención: una tortuga pequeñita, casi del mismo tamaño que ella, escondida detrás de una piedra grande y redonda.

—¡Hola! —dijo Quelina con su voz suave—. ¿Estás bien ahí adentro?

La tortuga asomó apenas los ojos. Tenía el caparazón verde oscuro y unas patas muy pequeñas que temblaban un poquito.

—S… —susurró casi sin voz—. Me llamo Timita.

Quelina se acercó despacio, sin apuros, y se sentó a su lado.

—Yo soy Quelina. ¿Quieres jugar conmigo?

Timita abrió la boca, pero no salió ningún sonido. Bajó la cabeza y se quedó quieta. Quelina la miró con ternura. No se fue. Tampoco dijo nada por un momento. Solo estuvo ahí, acompañándola.

Al rato llegó Mara, la mariposa, revoloteando entre flores amarillas.

—¡Buenos días! —dijo Mara con alegría.

Timita se metió de golpe dentro de su caparazón. Quelina suspiró suavecito y le habló a la piedra donde Timita seguía escondida.

—Mara es muy buena amiga. A veces hace ruido, pero tiene un corazón enorme.

Después de un rato largo, muy largo, Timita sacó la cabeza otra vez.

—Yo… yo también quiero tener amigas —dijo con una voz tan pequeña que casi era un soplo de viento—. Pero cuando quiero hablar, mi voz se esconde.

Quelina sonrió.

—¿Sabes qué? —le dijo—. Tu voz nunca se fue. Ahora mismo me está hablando.

Timita pestañeó sorprendida. Era verdad. Había hablado. Poquito, pero había hablado.

—¿Y si los demás se ríen? —preguntó Timita.

—Los amigos de verdad no se ríen de tu voz —respondió Quelina—. La escuchan.

Mara, que había oído todo, se posó suavemente en la piedra y dijo con calma:

—Hola, Timita. Me alegra conocerte.

Timita respiró hondo. Y entonces, muy despacio, dijo:

—Hola, Mara.

En ese instante, las espirales doradas del caparazón de Quelina brillaron con una luz cálida y suave, como si el sol hubiera tocado el agua del lago.

Las tres pasaron la tarde juntas, recogiendo piedritas de colores a la orilla del lago. Timita no habló mucho, pero habló. Y cada palabra que salía de su boca se sentía como un pequeño regalo.

Al final del día, mientras el cielo se pintaba de naranja, Timita le dijo a Quelina:

—Creo que mi voz solo necesitaba sentirse segura.

Quelina asintió con una sonrisa.

—Las voces son así. Salen cuando saben que alguien las va a cuidar.

💛 QUELINA NOS DICE...

Tu voz no está perdida, solo espera sentirse segura para salir.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Primero, siéntense juntos en un lugar tranquilo y túrnense para decir una cosa que les gusta de sí mismos, usando la voz más bajita que puedan. Segundo, vayan subiendo el volumen de la voz poquito a poco con cada turno, como si la voz fuera despertando. Tercero, terminen dándose un abrazo y diciéndose: 'Tu voz es importante para mí.'

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La voz escondida de la tortuga Timita
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