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Quelina

La colmena y el regalo más inesperado del año

generosidad

ra la mañana más brillante de toda la temporada en el Valle Esmeralda. Las flores se mecían suavemente y el aire olía a miel y a tierra mojada. Quelina caminaba feliz entre los tréboles cuando escuchó un zumbido triste, muy diferente al zumbido alegre de siempre.

—¿Qué ocurre? —preguntó Quelina, acercándose despacio a la vieja colmena del árbol más alto.

Allí estaba Zina, la abeja más pequeña de toda la colmena, con las antenas caídas y los ojos brillosos.

—Esta semana hubo una tormenta muy fuerte —explicó Zina con voz suave—. Cayeron muchas flores antes de tiempo y ahora no tenemos suficiente néctar para preparar la miel de la celebración. Toda la colmena está muy triste.

Quelina sintió un calorcito especial dentro del pecho. En ese momento llegó volando Mara, su amiga mariposa, con sus alas de colores anaranjados y negros.

—Yo escuché todo —dijo Mara posándose suavemente sobre una hoja—. Quelina, yo conozco un prado lleno de flores silvestres al otro lado del arroyo. Podríamos guiar a las abejas hasta allá.

—¡Sí! —respondió Quelina con entusiasmo—. Y yo puedo cargar en mi caparazón los pequeños tarros de barro vacíos para que las abejas guarden el néctar durante el camino.

Zina las miró con asombro.

—¿Harían eso por nosotras? Pero... ¿qué quieren a cambio?

Quelina sonrió.

—Nada. Solo queremos que la celebración sea hermosa para todas.

Dicho y hecho. Mara voló adelante marcando el camino con sus alas brillantes. Quelina caminó firme y tranquila cargando los tarros con cuidado. Las abejas las siguieron zumbando con una nueva energía, y cuando llegaron al prado, el cielo se llenó de un movimiento dorado y alegre.

Las flores silvestres eran abundantes: amarillas, lilas y blancas. Las abejas trabajaron con alegría durante toda la tarde, y al caer el sol, los tarros estaban llenos de néctar dulce y perfumado.

Cuando regresaron a la colmena, Zina abrazó a Quelina con sus pequeñas patitas.

—Nos dieron algo sin pedirnos nada. Eso es lo más grande que alguien puede hacer.

En ese instante, las espirales doradas del caparazón de Quelina comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas estrellas que acababan de despertar.

Mara la miró sonriendo.

—¿Ves? Tu caparazón brilla porque aprendiste algo importante hoy.

—Creo que —dijo Quelina, mirando las espirales con ternura—. Dar de verdad se siente mucho más grande que recibir.

Esa noche, la celebración de la cosecha fue la más dulce que el Valle Esmeralda había conocido. Y en el centro de la mesa de flores, había un pequeño tarro de miel con una nota que decía: «Para Quelina y Mara, con todo nuestro corazón.»

Quelina lo leyó, sonrió, y supo que ese era el regalo más inesperado y más bello del año.

💛 QUELINA NOS DICE...

Dar sin esperar nada a cambio llena el corazón de una alegría que ningún regalo puede igualar.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregúntale a tu hijo o hija si recuerda algo que haya dado o compartido esta semana, aunque sea muy pequeño, y celébralo con un abrazo. Paso 2: Juntos, piensen en alguien cercano que podría necesitar algo hoy, como un dibujo, una canción o simplemente compañía, y decidan qué pequeño gesto de generosidad pueden ofrecerle. Paso 3: Realicen ese gesto juntos y luego conversen sobre cómo se sintieron al darlo, usando las palabras de Quelina: «Dar de verdad se siente muy grande.»

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La colmena y el regalo más inesperado del año
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