← Tomo 38 / 33
Quelina

El malentendido entre Mara y Lumo

conflicto amistad

na mañana dorada, Mara la mariposa sobrevolaba el prado cuando vio a Lumo la luciérnaga descansando sobre una flor morada. Mara quería sorprenderla, así que agitó sus alas con fuerza para hacerle cosquillas.

Pero Lumo, que estaba dormitando, se asustó tanto que apagó su luz de golpe y salió volando sin mirar atrás. Cuando por fin se detuvo, tenía el corazón acelerado y los ojos llenos de lágrimas.

—¡Mara me asustó a propósito! —murmuró Lumo, ocultándose entre las hojas.

Mara, que no entendía qué había pasado, esperó a su amiga toda la mañana. Como Lumo no regresó, Mara pensó que ya no quería jugar con ella. Entonces también se fue, con el ánimo muy caído.

Durante dos días enteros, ninguna de las dos se buscó. El Valle Esmeralda se sentía raro, como si le faltara música.

Quelina lo notó enseguida. Su amiga Mara revoloteaba sola cerca del río, y Lumo brillaba muy poquito, escondida entre los juncos. Quelina fue primero con Lumo.

—¿Qué pasó? —le preguntó con voz suave.

—Mara me asustó sin razón —dijo Lumo, frunciendo el ceño.

Quelina asintió despacio y luego fue a buscar a Mara.

—¿Qué pasó? —le preguntó igual de suave.

—Solo quería hacerle una sorpresa bonita —respondió Mara, con la voz triste—. No por qué se enojó conmigo.

Quelina se quedó quieta un momento. Las espirales doradas de su caparazón comenzaron a brillar suavecito, como siempre que algo importante estaba a punto de entenderse.

—Las dos se quieren —dijo Quelina—, pero ninguna sabe lo que sintió la otra. ¿Y si se lo cuentan?

Con un poco de ayuda de Quelina, Mara y Lumo se encontraron bajo el Gran Roble Sabio. Al principio, ninguna sabía cómo empezar. Lumo miró sus patitas. Mara movió sus alas despacio.

Fue Lumo quien habló primero.

—Me asusté mucho. Estaba dormida y no vi que eras tú.

Mara abrió los ojos grandes.

—¡Yo solo quería darte una sorpresa bonita! No quería asustarte, te lo juro.

Lumo parpadeó. Su lucecita volvió a encenderse, tímida al principio, luego más brillante.

—¿De verdad? —preguntó.

—De verdad —dijo Mara, y extendió una de sus alas hacia ella.

Lumo voló despacio hasta posarse sobre esa ala suave y colorida. Las dos se miraron y soltaron una risita pequeña, de esas que salen cuando el corazón se alivia.

El caparazón de Quelina brilló con fuerza, llenando el roble de destellos dorados.

—A veces —dijo el Gran Roble con su voz tranquila— las peleas no nacen del enojo, sino de no haber podido contarse lo que se sintió.

Esa tarde, Mara, Lumo y Quelina jugaron juntas hasta que las estrellas salieron. Y Lumo iluminó el camino de regreso a casa, feliz de tener su luz de vuelta.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando algo duele entre amigos, hablar con la verdad y escuchar con el corazón es el camino más corto hacia la paz.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

1. Pregunta a tu hijo o hija: '¿Alguna vez te peleaste con alguien sin saber bien por qué?' Escucha sin interrumpir. 2. Juntos, representen la escena con sus manos: uno hace de Mara y el otro de Lumo, y cada uno cuenta cómo se sintió en la historia. 3. Abrácense al final y conversen sobre qué palabras ayudan a arreglar una pelea, como 'lo siento', 'no lo sabía' o 'te escucho'.

← AnteriorSiguiente →
El malentendido entre Mara y Lumo
0:00/0:00
0.0s