n día tranquilo en el Valle Esmeralda, Río nadaba entre las piedras brillantes del arroyo cuando algo llamó su atención. En el fondo, entre unas algas suaves, había un libro. Un libro de tapas color cielo, con bordes plateados y páginas tan blancas como las nubes de verano.
Río lo sacó del agua con cuidado y fue a buscar a Quelina.
—Quelina, encontré esto —dijo Río, mostrando el libro con sus aletas—. Pero no tiene ni una sola palabra. Está completamente vacío. ¿Sirve de algo un libro sin palabras?
Quelina observó el libro con curiosidad. Lo abrió despacio. Las páginas eran suaves y olían a tierra mojada y a flores silvestres. No había letras, ni dibujos, ni nada escrito.
—Qué raro —murmuró Quelina—. Y qué hermoso.
En ese momento llegó Mara, revoloteando con sus alas de colores.
—¿Qué miran? —preguntó.
—Un libro sin palabras —respondió Río con un suspiro—. No dice nada.
Mara se acercó, miró la primera página y sonrió.
—¡Pero si dice muchísimas cosas! —exclamó—. Yo veo una pradera enorme con flores moradas y un viento que las mueve despacito.
Río parpadeó sorprendido.
—Yo no veo nada de eso —dijo.
Quelina volvió a mirar la página. Cerró los ojos un momento y luego los abrió de nuevo.
—Yo veo un río —dijo suavemente—. Un río muy largo que llega hasta donde el cielo se junta con la tierra.
Río miró la misma página otra vez. Ahora sí... algo comenzó a aparecer en su imaginación.
—Yo... yo veo burbujas —dijo poco a poco—. Muchas burbujas que suben y suben hasta convertirse en estrellas.
En ese instante, las espirales doradas del caparazón de Quelina comenzaron a brillar con una luz cálida y suave.
—¿Lo entiendes ahora, Río? —preguntó Quelina—. Este libro no está vacío. Este libro está esperando. Espera que tú pongas adentro tu propia historia.
Río se quedó en silencio, mirando las páginas blancas con ojos completamente nuevos.
—Entonces... ¿cada persona que lo abre ve algo diferente? —preguntó.
—Exactamente —dijo Quelina—. Las palabras escritas nos cuentan historias que alguien más imaginó. Pero las páginas en blanco nos invitan a imaginar las nuestras.
Mara aplaudió con sus alas.
—¡Es el libro más mágico del Valle!
Río tomó el libro entre sus aletas con mucho cuidado. Lo miró como si fuera un tesoro, porque ahora sabía que lo era.
Esa tarde, los tres amigos se sentaron bajo el Gran Roble Sabio. Pasaron las páginas una por una, y cada una les trajo una historia diferente: aventuras en montañas lejanas, amigos que bailaban bajo la lluvia, islas flotantes hechas de nubes.
Ninguna historia era igual. Todas eran verdaderas.
Y el libro sin palabras se fue llenando, poquito a poquito, con todo lo que su imaginación tenía para dar.
Las páginas en blanco no están vacías: están llenas de todas las historias que aún no has imaginado.
Paso 1: Doblen varias hojas de papel por la mitad y úntalas con un hilo para hacer un pequeño libro en blanco. Paso 2: Abran el libro en cualquier página y pregúntense: '¿Qué historia ves tú aquí?'. Cada uno puede contar lo que imagina en esa página vacía. Paso 3: Si lo desean, dibujen o dicten su historia favorita para que quede guardada en su libro propio.
