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Quelina

Cuando los sueños de Quelina se volvieron colores

suenos nocturnos positivos

ada noche, cuando el Valle Esmeralda se cubría de estrellas, Quelina miraba el cielo desde su pequeña cueva y suspiraba. No entendía muy bien qué pasaba cuando cerraba los ojos. ¿A dónde iba ella mientras dormía?

Una tarde, mientras el sol se escondía detrás de las montañas, Lumo llegó volando con su luz dorada parpadeando suavemente.

—Quelina, ¿por qué tienes esa cara de pregunta? —dijo Lumo, posándose en una ramita cerca de ella.

—Es que esta noche soñé que volaba entre nubes color de frambuesa —respondió Quelina—. Y había un río hecho de música. ¿Eso es real, Lumo?

Lumo sonrió con toda su luz.

—Los sueños son el regalo secreto que tu mente te da cada noche —explicó—. Son tuyos, solo tuyos. Y no hay dos iguales en todo el mundo.

Quelina pensó en eso. Esa noche, antes de dormir, se acomodó en su cueva con una sonrisa curiosa. Cerró los ojos muy despacio... y entonces ocurrió algo hermoso.

Apareció un prado inmenso pintado de azul y naranja. Quelina caminaba y cada paso que daba dejaba una flor nueva en el suelo. Había mariposas que cantaban canciones sin palabras. El viento olía a lluvia fresca y a pan recién hecho. Y al final del prado, había una montaña brillante, como si estuviera hecha de luz de luna.

Quelina subió la montaña sin cansarse. Desde arriba vio todo el Valle Esmeralda, más bonito que nunca. Sintió una alegría tan grande que casi no cabía en su pecho.

Cuando amaneció, Quelina abrió los ojos con una sonrisa enorme. Las espirales doradas de su caparazón brillaron suavemente, como si también ellas hubieran soñado algo lindo.

Corrió a buscar a Lumo.

—¡Lumo! ¡Soñé con una montaña de luz! ¡Y dejaba flores con cada paso! —gritó emocionada.

Lumo brilló aún más fuerte.

—¿Ves? Dentro de ti hay un mundo entero esperando cada noche —dijo—. Y ese mundo te pertenece. Nadie más puede entrar ahí.

Desde esa noche, Quelina ya no miraba el cielo con dudas antes de dormir. Lo miraba con ganas. Porque sabía que cerrar los ojos no era perderse el día... era encontrarse con ella misma en los colores más bonitos que su corazón pudiera imaginar.

Y a veces, al despertar, las espirales de su caparazón brillaban un poquito más que antes.

💛 QUELINA NOS DICE...

Dormir es viajar hacia adentro de ti mismo, donde viven los colores más bonitos de tu imaginación.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Antes de dormir, pregúntale a tu hijo o hija qué color le gustaría ver en sus sueños esta noche y por qué. Paso 2: Juntos, inventen en voz alta un lugar mágico de ese color: cómo huele, qué sonidos tiene y qué harían allí. Paso 3: Al despertar, inviten al niño o niña a contar cualquier sueño que recuerde, sin importar cuán pequeño sea, y celebren juntos ese regalo de su mente.

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Cuando los sueños de Quelina se volvieron colores
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