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Quelina

El árbol que dibujó Lumo con raíces de luz

creatividad naturaleza

na noche tranquila en el Valle Esmeralda, cuando la luna se escondía detrás de las nubes, Lumo la luciérnaga volaba sola entre los árboles. Su pequeña luz parpadeaba suavemente, como siempre lo hacía.

De pronto, sin pensarlo mucho, comenzó a volar en círculos. Luego hizo una línea larga. Después una curva. Y cuando se detuvo a mirar, ¡había dibujado un árbol en el aire con su propia luz!

Tenía un tronco brillante, ramas que se abrían como brazos, y unas raíces que bajaban despacio hasta casi tocar el suelo. Era un árbol hecho de destellos dorados que brillaban y luego se apagaban, como susurros de luz.

—¿Lo habrá visto alguien? —se preguntó Lumo, un poco nerviosa.

En ese momento, Quelina asomó la cabeza desde debajo de una hoja grande.

—¡Lumo! ¡Eso fue precioso! —exclamó la pequeña tortuga con los ojos muy abiertos.

—Ah, no es nada —dijo Lumo, bajando la vista—. Es solo luz. No es como pintar con colores ni tallar madera como hace Pino. No deja nada guardado.

Quelina se quedó pensando un momento. Luego caminó despacio hacia su amiga y le dijo:

—¿Sabes qué? El viento no deja nada guardado tampoco, y aun así mueve las flores y les da forma a las nubes. El río tampoco guarda su canción, pero todos la escuchamos felices.

Lumo parpadeó varias veces.

—¿Entonces... mi árbol de luz vale?

—Vale muchísimo —respondió Quelina—. Porque viene de ti. De tu luz. De lo que eres.

Lumo sonrió, y esta vez voló con más confianza. Dibujó otro árbol, más grande. Le añadió flores en las ramas y una mariposa que parecía Mara. Luego dibujó una estrella, y después un pequeño pez que recordaba a Río.

Quelina miraba con alegría cada figura que aparecía y se desvanecía suavemente en la noche. Y en eso estaba cuando notó algo especial: las espirales doradas de su caparazón comenzaron a brillar, suaves y cálidas, como si también quisieran ser parte del dibujo.

—¿Por qué brillan? —preguntó Lumo.

—Porque acabo de aprender algo importante —dijo Quelina—. Que crear no significa dejar algo para siempre. A veces crear es regalarle un momento hermoso al mundo.

Lumo dibujó una última figura en el aire: una tortuga pequeña con espirales en el caparazón.

Ambas amigas se rieron juntas bajo la noche del Valle Esmeralda, rodeadas de árboles de luz que vivían solo un instante, pero que hacían el corazón sentirse lleno por mucho, mucho tiempo.

💛 QUELINA NOS DICE...

Crear con lo que eres, aunque no dure para siempre, es el regalo más verdadero que puedes darle al mundo.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Antes de dormir, apaguen las luces del cuarto y pídanle al niño o niña que imagine que sus manos tienen una luz mágica. Paso 2: Juntos, muevan las manos en el aire dibujando formas: un árbol, una flor, un animal. Díganle en voz alta qué están dibujando. Paso 3: Pregúntenle qué cosa bonita le gustaría dibujar con su propia luz si la tuviera, y escuchen su respuesta con mucha atención.

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