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Quelina

El primer amanecer del Valle después del invierno

nuevos comienzos

l Valle Esmeralda había dormido mucho tiempo bajo un manto de nieve blanca y silenciosa. Pero una mañana, Quelina abrió los ojos y sintió algo distinto en el aire: un olor a tierra húmeda, a flores que aún no habían nacido, a algo nuevo que estaba por comenzar.

Salió despacio de su refugio y se quedó quieta. El Valle se veía diferente. Los árboles tenían ramas sin hojas, el río brillaba con un agua más clara que nunca y el suelo estaba lleno de pequeños brotes verdes que antes no existían.

—No reconozco nada —murmuró Quelina en voz baja, y su corazón se apretó un poco.

Extrañaba el Valle de antes, con sus sombras de verano y sus caminos conocidos. Este nuevo paisaje era hermoso, sí, pero también era desconocido. Y lo desconocido, a veces, asusta.

De pronto, una mariposa de alas anaranjadas y azules descendió suavemente a su lado. Era Mara.

—¡Buenos días, Quelina! —dijo Mara, girando en el aire con alegría—. ¿No es maravilloso?

—Es diferente —respondió Quelina, mirando alrededor con cautela—. Todo cambió. Ya no bien dónde estoy.

Mara se posó sobre una ramita cerca de ella y la miró con ternura.

—Yo tampoco sabía —confesó Mara—. Cada vez que termina el invierno, el Valle cambia un poco. Al principio me daba miedo también. Pero luego descubrí algo importante.

—¿Qué descubriste? —preguntó Quelina, acercándose.

—Que los comienzos parecen vacíos porque todavía están siendo llenados —dijo Mara—. Mira esos brotes verdes. Aún no son flores, pero ya están aquí. El Valle no olvidó ser bonito. Solo está empezando de nuevo.

Quelina miró los pequeños brotes con ojos nuevos. Era verdad. No eran ausencias. Eran promesas.

Se quedó mirando el horizonte donde el sol comenzaba a subir, pintando el cielo de naranja y rosa. Y entonces sintió algo cálido dentro de ella, algo que no era miedo sino curiosidad.

—¿Qué crees que crecerá aquí? —preguntó señalando un brote pequeñito cerca de sus patas.

—No —respondió Mara con una sonrisa—. Esa es la parte divertida.

En ese momento, las espirales doradas del caparazón de Quelina comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas estrellas que despertaban con el sol.

Quelina respiró profundo. El Valle era nuevo. Ella también podía ser un poco nueva. Y eso, pensó, no era algo que temer. Era algo que descubrir.

Juntas, la tortuga y la mariposa vieron salir el primer sol del Valle después del invierno, sabiendo que lo mejor de los comienzos es que aún no han terminado de ocurrir.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando algo nuevo comienza, no está vacío: está esperando ser llenado por ti.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Siéntense juntos y pidan al niño o niña que cierre los ojos y piense en algo que cambió en su vida recientemente, algo que al principio le pareció diferente o difícil. Paso 2: Pídanle que dibuje ese cambio como si fuera un brote verde pequeño y, al lado, que dibuje lo que podría florecer de ese brote con el tiempo. Paso 3: Compartan sus dibujos y conversen sobre una cosa bonita que puede traer ese nuevo comienzo.

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El primer amanecer del Valle después del invierno
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