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Quelina

La familia de doce formas del Valle Esmeralda

familia extendida

n día de otoño, mientras las hojas anaranjadas caían suavemente sobre el Valle Esmeralda, Quelina caminaba pensativa por el sendero de los hongos coloridos. Llevaba un nudo pequeño en el corazón.

Esa mañana, su amiga Mara le había dicho que vivía con su abuela y sus dos tías. Lumo vivía solo con su papá. Pino tenía tres hermanos mayores y una mamá. Y Río, en cambio, tenía dos mamás que lo querían muchísimo. Quelina vivía con su mamá, su papá y su abuelita Torta, que olía a flores de lavanda y siempre tenía una historia lista.

—¿Por qué las familias son tan distintas? —se preguntó Quelina en voz alta.

Como si el viento la hubiera escuchado, una hoja dorada cayó justo frente a ella. La recogió y caminó hasta el Gran Roble Sabio, que estaba en el centro del Valle con sus ramas extendidas como brazos abiertos.

—Gran Roble —dijo Quelina con respeto—, ¿por qué las familias son de tantas formas diferentes?

El roble crujió suavemente, como cuando alguien respira hondo antes de hablar.

—Mira mis ramas, pequeña —respondió con voz profunda y cálida—. Ninguna crece igual que otra. Algunas son largas, otras cortas, algunas van hacia el sol y otras buscan la sombra. Pero todas pertenecen al mismo árbol y todas son necesarias.

Quelina observó las ramas durante un largo momento.

—¿Entonces todas las familias son buenas, aunque sean distintas? —preguntó.

—Una familia —dijo el Gran Roble— es el lugar donde alguien te espera, te cuida y te quiere de verdad. Puede ser tu mamá, tu papá, tus abuelos, tus tíos, un hermano mayor o una vecina que siempre está cuando la necesitas. El amor no tiene una sola forma, Quelina. Tiene doce, o cien, o las que hagan falta.

En ese instante, las espirales doradas del caparazón de Quelina comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas estrellas despertando. Ella sonrió.

Corrió de regreso por el sendero y encontró a Mara revoloteando entre las flores.

—Mara —le dijo—, cuéntame de tu abuela.

Mara se posó sobre una piedra redonda y comenzó a hablar con los ojos brillantes: de los pasteles de su abuela, de cómo sus tías le enseñaban a volar más fuerte contra el viento, de lo llena que se sentía aunque su familia fuera pequeña.

Quelina escuchó cada palabra. Luego pensó en su abuelita Torta, en su mamá que le cantaba por las noches y en su papá que dibujaba mapas del Valle solo para hacerla reír.

—Creo —dijo Quelina despacio— que todas las familias tienen algo muy especial.

Mara asintió y sonrió.

Esa noche, antes de dormir, Quelina abrazó a su abuelita Torta muy fuerte, respiró el aroma a lavanda y sintió que su caparazón brillaba una vez más, calientito y dorado, como el sol guardado dentro del pecho.

💛 QUELINA NOS DICE...

La familia es el lugar donde alguien te quiere de verdad, y ese amor puede tener mil formas diferentes.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Siéntense juntos y pídele a tu hijo o hija que nombre a las personas que lo cuidan y lo quieren, aunque no vivan en la misma casa. Paso 2: Con los dedos de las manos, cuenten juntos cuántas personas forman su familia en su forma más grande (abuelos, tíos, amigos cercanos). Paso 3: Túrnense para decir una cosa especial que cada persona de esa lista hace que los hace sentir queridos.

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