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El pequeño que cantaba con tormentas

Perro bebé Trueno

Miedo a ruidos fuertes

La luna esa noche era redonda como un tambor de plata, y cuando las nubes la cubrían, todo el bosque se quedaba en susurros. El aire olía a lluvia que aún no había llegado, y las hojas temblaban como pequeñas campanitas esperando la música del cielo.

En una madriguera tibia, entre raíces que olían a tierra dulce, vivía Trueno, el cachorro más pequeñito del bosque. Sus orejitas eran como pétalos de terciopelo negro, y cuando movía la colita, sonaba como el viento jugando con las ramas. Trueno tenía una voz muy especial: cuando ladraba, sonaba como gotitas de lluvia cayendo sobre las hojas.

Pero Trueno tenía un secreto que lo hacía temblar. Cuando el cielo hacía ruidos grandes —PUM, CRACK, RUMMMM— él se escondía muy, muy adentro de su madriguera. Los truenos de verdad lo asustaban tanto que su pequeño corazón hacía toc-toc-toc como un tamborcito nervioso.

Esa noche, las nubes empezaron a crecer como montañas grises en el cielo. Trueno sintió el aire cambiar y se acurrucó junto a su mamá. "Mamá", susurró con su vocecita temblorosa, "¿por qué el cielo se enoja tan fuerte?" Su mamá le lamió la cabecita y le dijo: "No se enoja, pequeñito. El cielo está cantando, pero no sabemos su canción".

Cuando llegó el primer TRUUUM del cielo, Trueno se escondió tanto que parecía una pequeña pelotita de pelo. Su corazón latía tan rápido que hasta las luciérnagas se preocuparon y vinieron a brillar cerca de él.

Las gotas empezaron a caer: plip, plop, plip, plop. Y entonces, en el momento más oscuro, cuando Trueno temblaba como una hojita en el viento, apareció una luz dorada entre los árboles.

Era Quelina, la tortuga sabia, con su caparazón brillando como estrellas. Caminó despacito hasta donde estaba el cachorro y se sentó a su lado. "Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón", dijo suavemente. Luego, con una sonrisa en sus ojos antiguos, le preguntó: "¿Sabías que el cielo está tratando de aprender tu canción?"

Trueno levantó una orejita, curioso. Quelina esperó en silencio, mientras la lluvia caía como una nana.

Entonces Trueno hizo algo mágico. Sacó su cabecita y, muy bajito, ladró: "guau-guau". Y cuando el cielo respondió con su gran TRUUUM, Trueno se dio cuenta de algo maravilloso: ¡sonaban parecidos! El cielo hacía TRUUUM y él hacía guau-guau, y juntos hacían música.

"¡Mamá!", gritó Trueno con alegría, "¡el cielo me está contestando!" Y salió corriendo bajo la lluvia, ladrando su canción mientras el trueno le respondía desde arriba. La lluvia lo mojó, pero su corazón estaba tan calientito que no le importó.

Desde esa noche, cada vez que había tormenta, Trueno salía a cantar con el cielo. Y los otros animalitos del bosque decían que era la música más hermosa que habían escuchado jamás: la nana de un cachorro y el rugido tierno del cielo.

Y cuando la luna volvió a aparecer, redonda y plateada, Trueno se durmió sabiendo que todos los ruidos grandes del mundo solo querían ser sus amigos.

EL MOMENTO DE QUELINA 🐢

Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Sabías que el cielo está tratando de aprender tu canción?

A veces los ruidos que nos asustan solo quieren cantarnos una canción.