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Elefante bebé Trompi
Sentirse torpe
En el claro donde nacen las margaritas, cuando el rocío todavía brilla como pequeños diamantes, las flores desperezaban sus pétalos blancos al primer rayo de sol. El aire olía a tierra húmeda y a promesas nuevas.
Trompi era el elefantito más pequeño de la manada, con orejas como hojas de palmera y una trompa que siempre andaba curioseando por todos lados. Sus patas, grandes como tambores, hacían pum-pum-pum cuando caminaba. Mamá elefanta le decía que tenía los pies más tiernos del mundo, pero Trompi no se sentía tierno para nada.
Esa mañana, Trompi quiso caminar por el sendero de las flores como hacían los conejitos y las mariposas. Pero cuando puso su primera pata... ¡PLAF! Una margarita quedó aplastada bajo su pie. "¡Ay, perdón, perdón!", susurró Trompi a la pequeña flor.
Lo intentó otra vez, pisando con mucho cuidado, levantando cada pata como si fuera de cristal. Pero... ¡PLAF! ¡PLAF! Dos margaritas más desaparecieron bajo sus grandes pies. Los pétalos blancos volaron como confeti triste por el aire.
Trompi se sentó en medio del sendero y sus ojos se llenaron de lágrimas redondas como gotas de lluvia. "Soy demasiado grande", murmuró. "Siempre rompo las cosas bonitas sin querer."
El viento trajo el sonido de pasos lentos, muy lentos, como si cada paso fuera una caricia al suelo. Era Quelina, con su caparazón brillando dorado bajo el sol. "Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón."
Quelina miró las flores aplastadas y luego miró a Trompi con ojos llenos de estrellas. "¿Sabes qué pasa con las flores cuando alguien las toca con amor?"
Trompi levantó su cabecita y miró hacia abajo. Donde habían estado las margaritas aplastadas, ahora crecían pequeñas plantas nuevas, más fuertes, con raíces más profundas. Sus pisadas no habían roto las flores... las habían plantado más hondo en la tierra.
"¡Mis pies hacen crecer flores!", gritó Trompi, y empezó a caminar por todo el claro. Pum-pum-pum hacían sus patas, y donde pisaba, nuevas flores brotaban, creando el jardín más hermoso que había visto jamás.
Mamá elefanta llegó corriendo y abrazó a su pequeño jardinero. "Siempre supe que tus pies eran mágicos", le susurró al oído.
Esa noche, mientras Trompi dormía, las flores que había plantado con sus pisadas bailaron suavemente con la brisa, cantándole nanas de agradecimiento.
EL MOMENTO DE QUELINA 🐢
"Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Sabes qué pasa con las flores cuando alguien las toca con amor?"
✨ A veces lo que creemos que es torpeza, es solo amor que busca la forma de florecer.