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Oveja bebé Lana
Primera noche sola
La noche había pintado el cielo de color mora, y las estrellas parpadeaban como gotitas de miel dorada. El viento susurraba canciones de cuna entre las hojas del manzano, y la hierba olía a rocío dulce y a sueños por llegar.
La oveja bebé Lana tenía la lana más suave del prado, como algodones de azúcar que se mecían con cada respiración. Sus ojitos eran dos charquitos de chocolate tibio, y cuando caminaba, sus patitas hacían 'tip-tap, tip-tap' sobre la hierba fresca. Pero esa noche, Lana temblaba como una hojita en otoño.
'Es hora de dormir en tu propia camita', le había dicho mamá oveja con voz de miel. 'Ya eres grande, mi corazón lanudo.' Pero la nueva cuna de paja, aunque olía a flores silvestres, se sentía demasiado grande y demasiado sola para una ovejita tan pequeña.
Lana cerró los ojitos fuerte, fuerte, fuerte... pero se abrieron solos. 'Maaaa-má', balaba bajito, 'maaaa-má.' Sus balidos sonaban como gotitas de lluvia sobre las hojas. Se acurrucó en una esquinita de su cama, haciéndose un ovillo de lana temblorosa, pero la cuna seguía sintiéndose como un océano vacío.
El viento trajo el aroma de lavanda y algo más... pasos lentos, muy lentos, que hacían 'shhhh, shhhh' sobre la hierba húmeda. Lana levantó una orejita, luego la otra. Una luz dorada, suave como la mantequilla derretida, se acercaba despacio.
Apareció Quelina, la tortuga más anciana del bosque, con su caparazón brillando como un cielo estrellado en miniatura. Cada constelación dorada pulsaba con luz tibia, y cuando se detuvo junto a la cunita de Lana, el aire se llenó de paz.
'Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón', murmuró Quelina con voz de terciopelo viejo. Sus ojos sabios se posaron en la ovejita temblorosa. '¿Sabes qué es lo que más extrañas de dormir junto a mamá?'
Lana parpadeó, y una lagrimita rodó por su mejilla lanuda. 'Su... su calorcito', susurró. 'Y cómo su corazón hace pum-pum, pum-pum junto al mío.'
Quelina sonrió con los ojos primero, luego con toda su cara arrugadita. Tocó suavemente su caparazón dorado, y las constelaciones comenzaron a brillar más fuerte, irradiando un calor dulce y amoroso que envolvió a Lana como la manta más suave del mundo.
'El amor de mamá vive aquí', dijo Quelina, tocando gentilmente el pechito de Lana, 'pum-pum, pum-pum, siempre contigo.' Y entonces, Lana lo sintió: su propio corazoncito latía al mismo ritmo que había latido junto al de mamá oveja todas esas noches.
La ovejita cerró los ojitos y se acurrucó en su cunita, que ya no se sentía grande ni sola. Se sentía perfecta, como un nidito hecho especialmente para ella. El viento siguió cantando, las estrellas siguieron brillando, y Lana se durmió arrullada por el pum-pum de su propio corazón lleno de amor.
Y cuando mamá oveja pasó a darle un besito en la frente, Lana sonrió dormida, soñando con constelaciones doradas y mantas hechas de cariño puro.
EL MOMENTO DE QUELINA 🐢
Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Sabes qué es lo que más extrañas de dormir junto a mamá? El amor de mamá vive aquí, pum-pum, pum-pum, siempre contigo.
✨ El amor que nos dan siempre viaja con nosotros, latiendo suavemente en nuestro corazón.