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El pequeño corazón de agua

Delfín bebé Splash

El agua del mar esa mañana brillaba como cristales de colores. Pequeñas olas susurraban canciones de cuna mientras las gaviotas dibujaban círculos blancos en el cielo azul. El aire olía a sal dulce y a aventuras nuevas.

En las aguas tibias vivía Splash, un delfín bebé con una sonrisa tan grande que parecía que se le iba a salir de la cara. Sus ojos brillaban como dos estrellas traviesas, y su cola plateada era perfecta para hacer las salpicaduras más enormes del océano. Splash amaba salpicar... splash, splash, splash... era el sonido más divertido del mundo.

"¡Miren, miren!" gritaba Splash mientras saltaba muy alto y caía en el agua haciendo olas gigantes. SPLASH. Las gotas volaban por todos lados como lluvia de diamantes. Splash reía y reía, sin ver a dónde iban todas esas gotas traviesas.

Una gaviota que dormía la siesta se despertó empapada. "¡Ay, no!" dijo sacudiendo sus plumas mojadas. Un cangrejo pequeñito salió corriendo de su casita de arena porque el agua se la estaba llevando. "¡Mi hogar!" gritó el cangrejo con su vocecita temblorosa. Pero Splash no escuchaba... splash, splash, splash... solo pensaba en divertirse más y más.

Pero entonces algo pasó. Splash saltó tan alto y tan fuerte que cuando cayó, el agua salpicó hasta la playa donde una niña pequeña hacía castillos de arena. Su castillo perfecto, con torres y ventanitas, se deshizo como un sueño que se rompe. La niña se puso muy triste y empezó a llorar quedito. Splash vio las lágrimas brillantes rodando por sus mejillas y sintió algo raro en el pecho... como si su corazón de agua se hubiera puesto pesado.

"Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón."

Quelina, la tortuga anciana, apareció nadando despacio con su caparazón lleno de estrellas doradas que brillaban suavemente bajo el agua. Sus ojos sabios miraron a Splash con ternura infinita. "¿Has visto alguna vez cómo se siente una gota de lluvia cuando cae en el lugar equivocado?"

Splash se quedó muy quieto, flotando en el agua calentita. Por primera vez escuchó los pequeños sonidos tristes: la gaviota mojada, el cangrejo sin casa, la niña llorando. Su corazón de agua entendió algo hermoso y nuevo: las salpicaduras más lindas son las que hacen feliz a todo el mundo.

Despacio, Splash nadó hasta la orilla. Con su aleta hizo salpicaduras pequeñitas y suaves que ayudaron a la niña a reconstruir su castillo. El agua fresca limpió la arena de las plumas de la gaviota, y las gotas gentiles llenaron una nueva piscina natural para el cangrejo.

Esa noche, cuando la luna se asomó al mar, Splash hacía las salpicaduras más bonitas: pequeñas, brillantes y llenas de amor.

EL MOMENTO DE QUELINA 🐢

"Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón." Sus ojos sabios miraron a Splash con ternura infinita. "¿Has visto alguna vez cómo se siente una gota de lluvia cuando cae en el lugar equivocado?"

Las travesuras más hermosas son las que hacen sonreír a todos los corazones.