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La mariquita que perdió un puntito

Mariquita bebé Puntitos

Perder algo importante

En el jardín de las flores susurrantes, donde cada pétalo guarda secretos de colores, una gotita de rocío brillaba sobre una hoja de trébol. El aire olía a miel y a tierra húmeda después de la lluvia.

Sobre esa misma hoja vivía Puntitos, la mariquita más pequeñita del jardín. Tenía seis puntitos negros perfectos sobre su caparazón rojo como cerezas maduras. Cada mañana los contaba con sus patitas diminutas: "Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis". Y cada mañana sonreía porque todos estaban en su lugar.

Pero esta mañana, cuando el sol dorado se asomó entre las nubes algodonosas, Puntitos despertó y sintió algo extraño. Se miró en la gota de rocío que hacía de espejo y... ¡oh, no! Solo veía cinco puntitos. "Uno, dos, tres, cuatro, cinco..." Sus ojitos se llenaron de lágrimas cristalinas como diamantes.

"¿Dónde está mi sexto puntito?" preguntó al viento que mecía las flores. Empezó a buscar por toda la hoja de trébol, debajo de los pétalos rosados de las margaritas, entre los tallos verdes y brillantes. "¡Puntito, puntito!" gritaba con su vocecita de campanita.

Las otras mariquitas del jardín vinieron a ayudarla. "Tal vez se cayó en el charco", decía una. "O quizás se escondió debajo de una piedrecita", sugería otra. Pero por más que buscaron entre las hojas danzantes y las flores que se desperezaban, el puntito no aparecía.

Puntitos se sentó en el borde de un pétalo y sus hombros pequeñitos temblaron. Una lágrima rodó por su carita redonda y brilló como una perla sobre la hierba. "Sin mi sexto puntito, ya no soy yo", susurró al aire tibio de la mañana.

Entonces, como si hubiera estado ahí desde siempre, apareció Quelina entre las flores que se inclinaron respetuosamente. Su caparazón dorado brilló con la luz de mil estrellas diminutas.

"Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón." Quelina sonrió con sus ojos antiguos y sabios. "¿Crees que las flores son menos hermosas cuando pierden un pétalo en el viento?"

Puntitos se quedó muy quietecita, escuchando. El jardín entero parecía susurrar la respuesta: ella seguía siendo Puntitos, con cinco puntitos o con seis, porque su corazón latía con la misma dulzura.

Cuando mamá mariquita llegó esa tarde, abrazó a su pequeña con sus alitas transparentes. "Mi Puntitos perfecta", le dijo, y besó cada uno de sus cinco puntitos con ternura infinita.

Esa noche, las estrellas del cielo parpadearon como puntitos de luz sobre el terciopelo negro, y Puntitos se durmió sabiendo que era completa, así como era.

Lo que nos hace únicos no se puede perder, solo se transforma.

EL MOMENTO DE QUELINA 🐢

Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Crees que las flores son menos hermosas cuando pierden un pétalo en el viento?

Lo que nos hace únicos no se puede perder, solo se transforma.