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La luz que no sabía cuándo brillar

Luciérnaga bebé Solecito

Ser único

En el jardín de las flores dormidas, cuando el sol pintaba todo de oro, una pequeña luciérnaga llamada Solecito despertaba con su luz prendida. Su brillo era suave como la miel, tibio como un abrazo de mamá.

Solecito era diferente a todas las luciérnagas del jardín. Mientras sus hermanas dormían durante el día y brillaban cuando llegaba la noche, ella se despertaba con el sol y su luz no se apagaba nunca. Tenía alas transparentes que parecían pétalos de rosa y una sonrisa curiosa.

"¿Por qué brillo cuando hay sol?" se preguntaba Solecito, revoloteando entre las margaritas. "Las otras luciérnagas me dicen que estoy confundida, que las luciérnagas brillamos en la oscuridad, no cuando hay luz."

Trató de apagar su brillo. Cerró los ojitos fuerte, fuerte, fuerte... pero su luz seguía ahí, cálida en su pancita. Intentó esconderse debajo de las hojas grandes, pero su resplandor se filtraba entre los verdes como rayitos de sol.

Una mañana, Solecito se sentó en una piedra lisa y suspiró. Su luz se veía casi invisible bajo el sol grande del cielo. "Nadie me ve brillar. Nadie me necesita cuando ya hay tanta luz," murmuró, y por primera vez, se sintió muy, muy pequeña.

Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón.

Quelina, la tortuga anciana, se acercó despacio, despacio, con su caparazón lleno de constelaciones que brillaban suavemente. Se sentó junto a Solecito y sonrió con sus ojos sabios.

"Pequeña luz," le preguntó Quelina con voz de caracola, "¿has visto alguna vez las flores abrir sus pétalos?"

Solecito pensó un momento. Recordó cómo cada mañana las flores se desperezaban con su luz cerca, cómo las mariposas llegaban primero a donde ella estaba, cómo los caracolitos salían de sus casitas cuando la veían pasar.

"¡Ah!" exclamó Solecito, y su luz se hizo más brillante. "Las flores me esperan cada mañana. Yo las ayudo a despertar junto con el sol."

Desde ese día, Solecito bailó feliz entre las flores del amanecer. Su luz y la del sol creaban la magia perfecta para que el jardín despertara lleno de vida y colores.

Y cuando la noche llegaba, le contaba a sus hermanas todas las aventuras del día, mientras ellas le contaban los secretos de la oscuridad.

Cada luz tiene su momento perfecto para brillar.

EL MOMENTO DE QUELINA 🐢

Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. Pequeña luz, ¿has visto alguna vez las flores abrir sus pétalos?

Cada luz tiene su momento perfecto para brillar.